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¿Te puedo tocar el cabello?

Aún no conozco a una mujer de cabello liso a quien le hayan hecho esta oferta. Parece reservada para quienes poseemos el lujo de tener un afro. Una maraña de copitos de algodón que se enredan en los dedos, que rebotan entre si, y que engañan a la vista: siempre son más largos de lo que parecen. 

A veces no sé cómo reaccionar cuando me piden tocarlo. Me pregunto cómo reaccionaría una mujer de cabello liso ante la propuesta.  ¿Dice que si? ¿Deja que los dedos se resbalen hasta el final?, ¿Qué diría? Parece que tocar el afro es una novedad. He descubierto que el afro tiene efectos relajantes, desestresa y se convierte en foco de miradas cautelosas.
Debo decir, que no me disgusta la oferta, me causa curiosidad: ¿en qué momento me volví exótica en una tierra donde gran parte de la población tiene el cabello rizado?  Supongo que pasó cuando decidí no alisarlo más, cuando vencí el miedo a no encajar.
Me tomó tiempo tomar la decisión. Hay que tener muchos ovarios para enfrentarse a las mirada…

Nos vamos a defender con un cortacutícula

En una junta de almuerzo, la mamá de J, dijo que lo mejor para defenderse de los atracos en Barranquilla, era usar el cortacutícula. En ese momento pensé en gas pimienta o en salir con una sombrilla a todo lado, especialmente esos días en que salgo de yoga tan temprano. La estera parece un arma, entonces, le diré al atracador,  que sólo cargo con  4 mil pesos pa un jugo y que no sé cómo atacarlo con un alicate.

Pensar que tendré que matar a alguien con un alicate para defender mi celular, suena tan descabellado como que en cada esquina se monte un soldado, sin embargo, algunos  nos preguntamos cómo nos vamos a defender de un atraco, cómo vamos a reaccionar ¿De verdad piensas que la única solución a los problemas de inseguridad es militarizar la ciudad? Este capitulo de la atracadera  no es un tema netamente policivo, nos falta construir tejido social y darnos cuenta que Barranquilla es una ciudad  con graves necesidades sociales. 
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Hace muchos años, cuando todavía se hablaba de fuego…

Renunciar a ser tu propio paparazzi...

También me he disfrazado de sol cuando me dijeron que era de noche.
También he recibido cartas, regalos, premios, bailé con mucha gente. Reconocí al pasado en un cementerio, escuché la oración de un ateo y le tomé muchas fotos a un  pájaro, a dos. Vi cascadas sin freno, azul sin imitación, nubes sin copia, algodones de azúcar sin filtro y vi una margarita deshojada en mi mano. He visitado restaurantes nuevos, he visto atardeceres, muchos.  Conocí tres nuevas ciudades, lloré, reí, subí una montaña, tuve frío. Me visitó una mariposa azul, me enamoré con un beso, abracé un árbol, tomé muchos aviones, despedí abrazos, gente y amaneceres.  
No me he cansado de abrazar. Cumplí expectativas, otras tantas las negué, sentí pasión y armonía. Me troné los dedos, me vestí de luna, fuí esotérica por un día. Me reí sin descanso toda una mañana de mi misma, de lo que sentí, me atraparon los recuerdos, corrí por la calle lloviendo, debatí con muchos taxistas, vi amigos que extraño.
A veces pasa que s…

La mujer quedá o sobre las etiquetas personales

Para la sociedad barranquillera, no se si colombiana,  pertenezco al grupo de aquellas mujeres que se quedaron. Un tren repleto de hombres guapos, diligentes  y sin reparos pasó frente a mi ventana y no lo vi. Eres soltera y mayor de 30, sin hijos, cumples todos los requisitos para engrosar las filas de ciegas exigentes que no se movieron de la estación para instalarse en el vagón de la felicidad.

Cuando la sociedad no puede ver que la felicidad puede venir en distintas presentaciones, etiqueta a quien no cumple con los plazos supuestamente establecidos para cumplir con ciertos rituales sociales. En china, a estas mujeres que "no cumplen", por ejemplo, las llaman mujeres sobrantes, y al igual que acá somos las responsables de seguir en la estación sin tiquete porque " algo debemos estar haciendo mal"
La etiqueta se pone fácil, pelea contra distintas esencias y formas de ver la vida. Se debate con las circunstancias particulares, con los tiempos de cada persona y bus…

¡No me llames princesa!

Se volvió de moda esto de ser una princesa de alguien, del papá, del novio, del esposo, de la mamá. La princesa de la abuela, de la casa, del castillo, del Señor, del colegio, de la iglesia. Siempre "la princesa de: " pertenecemos a alguien, somos de alguien.

Si revisamos al estricto estereotipo de la princesa, no salen bien libradas y no suena bien, pero repetimos las cosas sin pensarlo, así funcionamos.  Las princesas tradicionales están esperando siempre que un hombre las rescate, las escoja, las saque del letargo, les devuelva la vida con un beso, las libere, les de la felicidad. Asumen un rol pasivo y hasta humillante, porque deben guardar silencio ante el príncipe y hablar cuando se les ordena. También esperan un príncipe, ojalá azul, y que llegue en un caballo  y que no toque negociar nada con él, que tenga la cara cuadrada y un mechón en la cara y hable como cantando. Esa es la princesa de Disney y todo lo que se le parece. 
Las princesas que figuran en las revistas …

Los amigos invisibles....

R, K,B y A me han dicho casi en el mismo tono:  " Quiero ser sólo tu amigo". Para R, la respuesta, como dicen los españoles, fue borde, dije de forma tajante: "Yo no necesito más amigos". R dijo que me parecía a Sheldon Cooper, alimentando una manía de estar alejada y sola.  Un poco neurótica, tal vez, pero para mi, eso es ser clara y responsable con lo que necesito. En ese momento R y yo estábamos enredados en esas cosas raras que nadie sabe qué son, pero que son fuertes y fluyen naturalmente. Al final, R no sabía como salirse del asunto, así que propuso este cuento de la amistad.

A los demás, K, B y A, no les dije nada, sólo me fui, sin mediar palabra.  Lo que ellos no saben es que estuve poco menos de 9 años enganchada por mail con un hombre invisible. De esas cosas que uno se inventa y le pone nombre de  "relación a distancia". No me di cuenta a qué hora pasó tanto tiempo, y no me fijé en qué momento la fantasía me tragó y me pasó por delante a alguie…

La niña no puede soltarse el cabello

"Nunca he llevado el cabello suelto a mi colegio" de esta forma, una participante de escasos 10 años contó,  en el conversatorio sobre los estereotipos alrededor del cabello rizado*,  la situación que vive en su colegio porque sus compañeros le dicen que tiene el pelo malo, de estropajo, feo, que tiene un paraco, que se peine.

Su mamá la llevó a la charla para que conociera otras experiencias, para que pudiera incorporar en su lenguaje la palabra aceptación y cómo enfrentar, con su propia autoestima y poder, las burlas.  Me pregunto, si los docentes ya tomaron cartas en el asunto.  Me pregunto si vendría bien un taller frente al espejo y que pudieran entre todos esos compañeros reconocerse en la diferencia, a veces, sólo falta hablar del tema y expresar.
No es un tema fácil, si la profesora del curso piensa igual a quienes le dicen que su cabello es inadecuado. Si ella le exige que vaya con el cabello amarrado, con bincha y pegado con gel, si ella le ve un pelito levantado y…